Como caído del Cielo / Like fallen from heaven
(Maestro de la fragilidad del mundo)

2019-2022

Como caído del Cielo

(Maestro de la fragilidad del mundo)

Like fallen from heaven

2019-2022

"El instante posterior a la expulsión"
| (Como caído del Cielo) | 195 x 122 cm | Grafito y aguada sobre tabla | Antoni Socías, 2022
Como caído del Cielo
Antoni Socías, 1987 – ¿2026?
Antoni Socías, 1987 – ¿2028?

Proceso lírico transfronterizo, cuya cronología nos transporta inicialmente a una bodega de cimentación musulmana en estado ruinoso y a una caverna contigua, tapiada muy probablemente con algún propósito no evidenciado.

Es cierto que las singulares condiciones del sótano presagiaban desde el primer instante la posibilidad de un emparedamiento arqueológico. A partir de ahí, la conciencia dictó que únicamente accederíamos al otro lado invirtiendo una medida de instinto, otra de vinculación pasional y dos de clarividencia endémica.

Abierto a golpe de pico un boquete en el muro de la sospecha, de inmediato se perfila en él la frontera entre el mundo real y una etérea somnolencia. Acaba de desintegrarse la membrana psicológica que conformaba el límite hacia lo desconocido, mientras nos estamos enfrentando ya a un plano puramente virtual, repleto de sensaciones asombrosas.

Del primer estadio intuitivo hemos pasado directamente a la búsqueda de respuestas. Damos por inaugurada, pues, la segunda fase, donde los sueños ejercerán de puente entre la incertidumbre y la voluntad de ser. A partir de este instante, un interventor en estado de inducción actuará tanto de actor como de mediador.

Sobre la marcha abocetamos un sencillo plan de ejecución, que tendrá como primer objetivo inventariar los distintos elementos de un potencial descubrimiento. En lo más hondo de la cripta nuestras suposiciones se confirman frente el hallazgo de un conjunto verosímil de pinturas y dibujos, colocados por tamaños de mayor a menor y separados del suelo y de las paredes, contraviniendo las leyes de la gravedad, como medida de protección.

Al dar la vuelta a las primeras obras para observarlas de cerca, sus imágenes se nos antojan extremadamente imprecisas. Lo atribuimos en principio al estado de penumbra en la estancia. Trasladadas a la antesala, apreciamos con un poco más de luz que, tanto los sujetos como las escenas que acontecen en ellas, mantienen esa imprecisión inicial. Sin embargo, un extraño fenómeno, quizá un milagro, parece convertir esa levedad en contundencia y singularidad. En este contexto, el interventor decide sin reparo utilizar únicamente el espejismo como fuerza motriz y método revelador.

Legitimemos el hecho de que nos encontramos en mitad de una actividad insólita, en la que un durmiente es consciente de que está soñando y de que puede manipular a voluntad cualquier proposición. En lo sucesivo, el agente activo va a tener un protagonismo crucial dentro del dispositivo de lectura y transferencia de datos y sensaciones. A modo de interfaz, irá transformando las señales generadas en su cerebro, a partir de esas imágenes, en manifestaciones comprensibles para un entorno convencional. Evidentemente nos hallamos ante una quimera, producto de la indagación nocturna continuada, que sí alcanzará en este caso los objetivos anhelados, más allá de la propia determinación metalingüística de la irrealidad en juego.

La consecuencia concluyente de este génesis psicológico es esa colección momentáneamente intangible de obras de arte a la que hacíamos referencia, atribuidas con posterioridad por un grupo de expertos a un hasta hoy desconocido autor, bautizado por consenso y en tercera convocatoria como el Maestro de la Fragilidad del Mundo. Apelativo que favorecerá sin duda su justa contextualización. El conjunto afronta temas directamente ligados a la contingencia de la vida: el delicado equilibrio de los sistemas naturales y artificiales, la congénita inseguridad del ser humano frente a un mundo cada vez más áspero y alejado de una realidad evolutiva consecuente, la propia figura del artista en mitad de esta compleja disyuntiva, la metafísica del tiempo y su relación psicológica con los horizontes de sucesos, la exacerbada inclinación colectiva hacia la emergencia endémica como estilo de vida, la revolución de la materia primigenia ante la pasividad general…

Nos llaman poderosamente la atención en primer lugar algunas escenas de la iconografía clásica, como El instante posterior a la expulsión, haciendo referencia al Libro del Génesis, o El viaje de Piteas, descontextualizando la odisea del explorador griego hasta llegar al círculo ártico. Igualmente resultan estremecedoras las figuras de anacoretas en extrañas posturas y situaciones (Anacoreta, Segundo Anacoreta o Anacoreta hospiciano), personajes que han abandonado su antigua vida de confusión gregaria, para aislarse en lugares desacostumbrados y abrazar la contemplación, la abstracción absoluta y, en algunos casos, inclusive la penitencia atávica. Así mismo, las figuras de mortinatos (Anatomía de un paisaje), de infantes recién nacidos o de bebés en mitad de escenarios poco probables (21 Dimensiones sin confirmar o Naturaleza muerta con recién nacido), sin salir de éste nos trasladan a un mundo nuevo, situado en su extensión más paradójica. El autorretrato universal del artista solitario ante una sociedad ausente es otro de los temas estrella dentro de este compendio (Autorretrato diseminado, La pesadilla de Caramo van Gogh_1, El buscador, Controversia sobre las emociones o Peregrinaje interior).

La forma de tratar todos estos argumentos nada tiene que ver, empero, con su posible transcripción directa al mundo de la representación al uso. El Maestro evita en todo momento dar cualquier respuesta que provenga de su inventiva, antes profundiza en el sentido inmaculado de la propia interrogación. No es, por tanto, un ilustrador convencional ni un iluminador costumbrista de estampas, ni mucho menos nos encontramos ante un relator de los distintos sucesos que se haya visto obligado a vivir o a presenciar. Tampoco se trata del acomodaticio vinculador de causas con efectos, tan común en el mundo del arte.

A comienzos de 2019, el durmiente Antoni Socías toma bajo su responsabilidad la recuperación de este legado anónimo. Su disposición de ánimo no se corresponde con ninguna visión beatífica trasnochada y sí con la pasión ascética de moverse en tierra de nadie y en espacios vacíos y complejos. Por otro lado, la idealización romántica de penetrar en la oscuridad y transitar por ella, le ayudó definitivamente en la toma de esta decisión. A día de hoy, en el taller y con los materiales oportunos, Socías va dando forma a estas obras, en un principio de apariencia espectral, una a una y de manera minuciosa, siempre al dictado de la entelequia surgida en aquel subterráneo.

¿Acaso la estructura latente del desafío no debería ser en el siglo XXI la más poderosa razón del oficio del arte?

Antes de sentar las bases de la mecánica compuesta, dediquemos un instante a detallar dos aspectos destacados dentro de este desarrollo:

1. Los protagonistas

1.1 El Maestro nos deja un legado en forma de obras de arte latentes, parcialmente legibles al iniciarse el proceso.

1.2 En algún momento del ciclo, este Legado Inmaterial es ocultado por el propio pintor o por un agente desconocido en una caverna tapiada dentro de un sótano.

1.3 A la caverna tapiada accede el Durmiente utilizando como técnicas de investigación y desarrollo el espejismo y los sueños.

1.4 Una vez controlados los sueños a voluntad, a partir de un Proceso Mental de Ósmosis Inversa, el durmiente logra metabolizar las imágenes que conforman el legado.

1.5 El durmiente interpreta las imágenes, otorgándoles anatomía de resolución al convertirlas en una Colección de Arte Asimilable por un público de carne y hueso.

2. Los distintos estados de situación

2.1 Cotidiano. Calle, edificio. Accesible a cualquiera.

2.2 Subterráneo. Edificio. Accesible a cualquiera dentro del edificio.

2.3 Cambio de escenario, del sótano al domicilio. Accesible a cualquiera.

2.4 Inicio de las fases del sueño en el segundo escenario, que dependerá por necesidad imperiosa siempre del primero. Sólo accesible al durmiente.

2.5 Pasados unos 80 minutos, el durmiente entra en la fase REM del sueño. Encuentra el hallazgo e intenta manipularlo, aunque no lo consigue a la primera. Emerge voluntariamente del sueño, toma regularmente notas en estado consciente y regresa a la ensoñación una y otra vez. Un proceso de aprendizaje relativamente sencillo, que se prolongará durante años. Sólo accesible al durmiente.

2.6 El Maestro de la Fragilidad del Mundo deviene en hecho embrionario potencial al intervenir un grupo de expertos que lo estudian en profundidad (plano virtual con algunas correspondencias en el plano real). Sólo accesible al durmiente.

2.7 Se regularizan las idas y venidas de un plano a otro. Con el paso del tiempo, el durmiente toma conciencia de la labor que tiene entre manos, toma las decisiones oportunas y actúa en consecuencia. Sólo accesible al durmiente.

2.8 El Maestro entra en la computadora del durmiente transformándose en un conjunto de carpetas y archivos de trabajo. De momento, sólo accesible al durmiente.

2.9 Propósito: pintar la indefinición traduciéndola a un idioma comprensible. Sólo accesible al durmiente.

2.10 El durmiente muestra al público la obra -reintrepretada- del Maestro. Accesible al público.

La complejidad y envergadura del proyecto proponen al espectador una singular odisea, que transcurre en mitad del abismo surgido entre la subconsciencia y la voluntad de actuar desde el más profundo de los sueños. Este viaje inicia su andadura en el hecho puramente intimista de la profundidad mental, para conducirnos entre ondulaciones de plasma hacia la contemplación directa de escenas representadas de forma explícita, toda vez establecidos los mecanismos de traducción, interpretación y posterior traslación a un escenario operativo. Como efecto colateral a la acción contemplativa, con toda probabilidad nos plantearemos qué fue de todos aquellos objetivos transcendentales, que dejamos de lado como colectivo para caer abducidos en una red de excesivo confort, pasividad y volatilidad general.

Acercar desde una nebulosa hasta el plano real la obra de un artista desconocido, del que conocemos tan solo el género debido a su particular forma de enfocar la infancia en sus obras, no es asunto trivial. Nos encontramos ante un maestro del que, por otra parte, desconocemos si tiene un pasado fidedigno o proviene de otro totalmente irreal o es sencillamente la mera proyección psíquica de un futuro tan incierto como inexorable.

Antecedentes y terreno fértil.

Mencionaremos en primer lugar que la antigua cripta en donde se inicia todo el proceso fue utilizada tiempo atrás por el durmiente como improvisado almacén de materiales de trabajo. Un cambio radical en la dinámica de este espacio olvidado en el que, hasta la fecha, los habitantes de la mancomunidad de artistas del número 12 de la Calle Gótica no habían reparado. Todos excepto uno, el propio durmiente. Aquella alteración de usos y costumbres, la repentina actividad de entrar y salir del lugar y, muy especialmente, la de pasar tiempo en su interior acarreando de izquierda a derecha, manipulando arriba y abajo aquellos materiales de segunda vida, hizo que este episodio de ilusionismo creativo cobrara vida propia. Al frotar la lámpara -en nuestro caso- apareció un genio que otorgó rango de existencia directa a la intuición.

Algunos integrantes de esta agrupación azarosa, comenzaron por aquel entonces a dedicar gran parte de su tiempo a rastrear potenciales “tesoros” dentro del noble edificio. Patrullas de absortos buscadores picaron sin descanso paredes y pavimentos, hasta lograr en unos casos el deterioro y en otros la destrucción irreversible de muchas de sus riquezas arquitectónicas. En cuestión de días la escalera principal del palacete pasó a convertirse en una rampa deslizante por la que escalar hasta las dependencias superiores. Evidentemente, la vida diaria de aquella incipiente factoría de creadores sufrió un drástico vuelco con el advenimiento de la arqueología recreativa. La incomodidad de los desaguisados obligó a llevar a cabo abundantes cambios, tanto en las zonas comunes como en la disposición de los distintos estudios, por imposibilidad de acceso a las zonas perimetrales.

Se había corrido una vez más esa voz, entre distraída e impostora, propia de las grandes ocasiones, que repicaba sobre las mentes necesitadas de aventura la existencia de un botín oculto. En mayor o menor medida, aquel acicate premonitorio afectó a todos por igual dentro de la casa, aunque de distinta manera. Por una parte a aquellos que miraban hacia otro lado, por otra a los ardientes picadores y por último al durmiente, que hizo de alguna forma la misma labor que los “mineros”, aunque focalizada en su propio subterráneo y a un nivel puramente potencial. Significa que sólo en sueños movió piedras y derribó paredes, para obtener el rédito del que estamos tratando en estas líneas.

Dos años y tres meses después de iniciado el desastre, con el caserón patas arriba, los impulsores de la operación derribo dieron una especie de rueda de prensa interna, para explicarnos a los demás que la búsqueda había dado sus frutos, aunque no se correspondieran con los esperados. El tesoro: un conjunto arquitectónico en el subsótano, formado por una ventana y un diminuto portal árabes; descubrimiento por el que, además, debíamos consignar todos un pacto jurado de silencio, con objeto de evitar una posible penalización administrativa del edificio y, como consecuencia, de nuestra actividad artística cotidiana.

Como caído del Cielo ve la luz más de treinta y seis años después de la aparición de aquel discreto conjunto islámico. Entre ambas excavaciones la correspondencia resulta obvia, aunque la dinámica, la motivación, el alcance emocional y los objetivos de la segunda remiten a un esquema estructuralmente distinto, mucho más exigente y comprometido con los valores de la belleza suprasensible y la actividad innovadora.

Algunos paralelismos, otras contradicciones.

Una de las primeras obras desveladas por el durmiente, Anatomía de un paisaje, recrea la figura de un muñeco confeccionado de forma tosca mediante bolsas de plástico rellenadas con distintos materiales de desecho. Se da la paradoja de que este pequeño pelele hizo también el papel de mortinato, envuelto en una toalla ensangrentada (el sujeto no puede verse, por tanto), en el décimo y último panel correspondiente al Retablo del Génesis (Antoni Socías, 2016-2019).

Otras dos obras marcan un punto de inflexión en la coincidencia de estas dos mentes creativas. Son Autorretrato diseminado y La pesadilla de Caramo van Gogh_1, donde confluye la inclinación de uno y otro en ennoblecer la figura honrosa del artista, al margen del estereotipo clásico del genio redentor y otras insensateces promovidas desde la propia corporación, alentadas por los medios de comunicación y coreadas en masa por aficionados desbocados. Podemos considerar al Maestrocomo un contemporáneo entre los contemporáneos, dado que aborda aspectos del entendimiento imposibles de haber sido tratados tiempo atrás. En el Autorretrato diseminado podemos ver en primer plano una bolsa de basura medio llena, dentro de la que se aprecia con claridad entre los desperdicios una mano amputada. Con toda la intención del mundo, el artista quiso abandonar su valiosa mano derecha en mitad de un rincón mediterráneo, para empujarnos a reflexionar sobre la indiferencia generalizada ante las realidades básicas del arte. En La pesadilla de Caramo van Gogh_1, un bodegón al más puro estilo flamenco, conviven dos objetos a primera vista incompatibles. Por un lado la cabeza cercenada de un cordero, sucia y transitada, y por otro un cubo de Rubik conformado por sus seis caras con sendos autorretratos de Vincent van Gogh. Si el gran Marcel Broodthaers levantara la cabeza…

¿Significa que el Maestro de la Fragilidad del Mundo y el durmiente tienen raíces o cimientos comunes, quizás que el primero pudiera ser un alter ego del segundo, un heterónimo enmascarado, un coetáneo avatar de trabajo… o todo lo contrario? No descartemos nada por el momento.

Como esbozamos al comienzo, las obras del Maestro de la Fragilidad del Mundo mantuvieron durante las primeras etapas de catalogación una apariencia nebulosa, mientras que al final del intrincado proceso de transubstanciación híbrida (de irrealidad a materia), en su inminente muestra al público mostrarán una extraordinaria evolución por lo que respecta a la definición de contenidos. En sueños, las imágenes no suelen ser en particular precisas, de modo que necesitan de un esfuerzo suplementario por parte de quien las sueña a la hora de ser comunicadas, en este caso manejadas y pintadas. Tomemos consciencia de que a muchas de ellas ha habido que restaurarles no el alma, pero sí gran parte de su propia condición de existir como obras de arte. Un arduo proceso de arqueología subconsciente que nos engasta en mitad de una nueva disyuntiva, pues no llegamos a discernir de forma clara si esa incertidumbre latente es propia de las imágenes surgidas en circunstancias extraordinarias, si se trata sencillamente de imágenes esbozadas en el fluido de la memoria utilizada para trascender a ellas… o sencillamente que fuesen obras por alguna razón de peso… inacabadas voluntariamente.

En este punto, es muy probable que alguno de ustedes haya podido advertir semejanzas entre los fundamentos de esta empresa y conceptos tales como metaverso, multiverso u omniverso, precisamente por estar moviéndonos estructuralmente entre distintos planos de asimilación, situación, significación y representación. No obstante, durante nuestro proceso la virtualidad ha sido tratada desde una conceptualización distinta a la del metaverso en ciernes; una idealización que no hace referencia a la pérdida de función de los objetos y los sujetos al cruzar la frontera entre dimensiones.

Los metaversos son ámbitos informatizados en donde las personas interactúan e intercambian experiencias aparentes mediante el uso de encarnaciones análogas (avatares), a través de un soporte deductivo en el ciberespacio, que actúa como una alegoría del mundo real pero sin acarrear forzosamente sus inconvenientes. Como caído del Cielo funciona a la inversa. No partimos de la vida diaria para introducirnos y actuar en otra condicional o supuesta, sino que iniciamos nuestra actividad en el propio cosmos virtual para encontrarnos, al final del camino, en nuestro sistema cotidiano de tres dimensiones. Además, nuestra metáfora de actuación tampoco se maneja como una relación de semejanza convencional entre conceptos diferentes. Nos hallamos, pues, ante algo bien distinto.

Decadencia en estado puro. Perdiendo a marchas forzadas el verdadero peso específico de la historia, hemos acabado por olvidar a marchas forzadas nuestros enigmas atávicos, el jeroglífico patrimonial, la clandestinidad conceptual e incluso la magia. Sin apenas percatarnos de ello, asistimos a la migración desde un mundo históricamente connotativo hacia otro básicamente denotativo, en el que la forma de comunicar se torna cada vez más directa, adquiriendo la claridad absoluta para que el mensaje sea tan preciso que no pueda ofrecer, por tanto, las posibilidades de una lectura rica en significados y libre de ataduras. En definitiva, la obra del Maestro de la Fragilidad del Mundo nos induce a pensar que caminamos hacia una especie de Síndrome de Asperger colectivo.

Hecho el paréntesis, situémonos de nuevo en el sendero esbozado: Las similitudes entre ambos artistas resultan obvias. No obstante, a fin de obtener una acreditación ecuánime, tendría que quedar bien patente que el interpretador se ha visto obligado a utilizar parte de su bagaje personal al servicio de este plan. Ante la indefinición de las obras en origen, no le ha quedado otro remedio que echar el resto, invirtiendo de manera directa sobre ellas tanto recursos como modelos y escenarios propios. Con la evidente intención de enaltecer el sentido general de algunas o para resaltar aspectos muy concretos de otras, Socías ha usado superficies de desecho, maceradas durante años para otros fines, con el propósito de enfatizar la orientación y el sentido de ciertos temas; se ha servido al mismo tiempo del díptico -o del tríptico- como superestructura diversificadora a la hora de huir de centralismos muy concretos; la utilización híbrida de materias ancestrales como el grafito o el carbón, junto a otras contemporáneas como los fluidos acrílicos o el spray de colores sintéticos, le ha ayudado a minimizar ciertos aspectos academicistas en los resultados. Asimismo, ha tenido que re-estudiar la obra de algunos artistas de las vanguardias, para empaparse de sus recursos conceptuales a la hora de explicitar la confrontación entre ilusión y realidad. No debemos omitir tampoco los procesos computacionales que ha utilizado el interpretador para conformar imágenes muy precisas a partir de ilusiones ópticas soñadas.

A estas alturas de la función, quien no haya creído en la palabra jurada tenderá desde luego a pensar en una posible suplantación de personalidad por parte del durmiente, en un fraude de ley ante la posibilidad de ofrecer gato por liebre o, dando una vuelta de tuerca gremial, en una complicada maniobra de arte conceptual asociada a esta recién estrenada figuración interdimensional. A tal grado de dificultad ha llegado la iniciativa, que en mitad del proceso el mismo durmiente se ha visto obligado a parar el sistema, reiniciarse y emprender un concienzudo análisis de filtración, con objeto de poder diferenciar sus propias obras de las interpretadas por él a partir del Maestro de la Fragilidad del Mundo en esta planificación.

En resumen, nuestra misión ha consistido en dar a conocer los hechos, vislumbrar los argumentos preponderantes, fomentar la transformación de las evidencias en obras tangibles y traerlas al mundo para ser contempladas.

A. S., octubre de 2022

Hubo un período en que lo humano fue dando progresivamente la espalda a lo divino; más allá de toda ideología o creencia, la inteligencia artificial se impondrá en un futuro no muy lejano sobre la naturaleza imperfecta del hombre.
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"Anacoreta"
| Como caído del Cielo (En torno al Maestro de la Fragilidad del Mundo) | 130 x 195 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías 2019-2025
"Segundo Anacoreta"
| Como caído del Cielo (En torno al Maestro de la Fragilidad del Mundo) | 195 x 130 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías 2022-2025
Controversia sobre las emociones
| (Como caído del Cielo) | 105,4 x 137 cm | Grafito, aguada y acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2014-2022
21 Dimensiones sin confirmar
| (Como caído del Cielo) | 195 x 130 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2020
“Naturaleza muerta con recién nacido”
| Como caído del Cielo (En torno al Maestro de la Fragilidad del Mundo) | 130 x 195 cm | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías 2021
"Anclax"
| Como caído del Cielo (En torno al Maestro de la Fragilidad del Mundo) | 195 x 13 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías 2021-2025
La sociedad secreta (Como caído del Cielo)
| (Como caído del Cielo) | 79,7 x 106 cm | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2022
“Estellente-sur-mer”
| Como caído del Cielo (En torno al Maestro de la Fragilidad del Mundo) | 52 x 91 cm | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías 2020-2024
Postura de salón
| 80 x 80 cm | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2021
Pulpo en el garaje
| 51 x 73,5 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2021
Todo Lochumbo
| 50 x 61 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2021
El viaje de Piteas
| (Como caído del Cielo) | 60 x 70 cm | Grafito y aguada sobre tabla | Antoni Socías, 2022
La importancia de los metales
| (Como caído del Cielo) | 60 x 70 cm | Grafito y aguada sobre tabla | Antoni Socías, 2012- 2022
Palomar
| 50,5 x 74 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2021
El pájaro
| 97 x 113 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2020
Naturaleza muerta con agua corriente
| 73 x 100 cm. | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2020
Metafísica de la duda
| 48 x 86,2 cm. | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2021
Le paysage
| 60 x 200 cm. | Acrílico sobre lienzo y tabla | Antoni Socías, 2020
La siesta
| 81 x 65 cm. | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 20220
"La Pesadilla de Caramo-van-Gogh" (primera tentativa)
| Como caído del Cielo (En torno al Maestro de la Fragilidad del Mundo) | 50 x 72 cm | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías 2020
La pesadilla de Caramo van Gogh_2
| 50 x 61,5 cm | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2020
La pesadilla de Caramo van Gogh_1
| 50 x 61,5 cm | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2020
La higuera
| 90 x 146 cm. | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2019
Espectador ante un Horizonte de Sucesos 2
| 67 x 93,5 cm. | Grafito sobre materiales de desecho | Antoni Socías, 2022
Espectador ante un Horizonte de Sucesos_1
| 67 x 93,5 cm. | Grafito sobre materiales de desecho | Antoni Socías, 2022
El Buscador
| 130 x 90 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2021
Peregrinaje interior
| 74,6 x 94 cm | Grafito y acrílico sobre cartulinas de desecho | Antoni Socías, 2022
Louise
| 51,3 x 149,5 cm. | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2020
De la perplejidad a la expectación
| 35 x 55 cm. | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2021
Autorretrato diseminado
| 81 x 130 cm. | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2021
Anatomía de un paisaje
| 50 x 60 cm. | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2020
Anamorfosis maternal
| 35 x 68,7 cm. | Acrílico sobre tabla | Antoni Socías, 2020
Mutatio
| 89 x 116 cm. | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2020
Rigor Mortis
| 90 x 116 cm | Acrílico sobre lienzo | Antoni Socías, 2019

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