{"id":760,"date":"2022-08-05T12:00:32","date_gmt":"2022-08-05T11:00:32","guid":{"rendered":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/?post_type=obra&#038;p=760"},"modified":"2022-11-29T17:21:27","modified_gmt":"2022-11-29T17:21:27","slug":"sweet-home-portugal","status":"publish","type":"obra","link":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/obra\/sweet-home-portugal\/","title":{"rendered":"Sweet Home Portugal"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"lead\">Mi conclusi\u00f3n definitiva acerca de Portugal, despu\u00e9s de mi primer viaje, fue que el casco de motorista se hab\u00eda convertido en elemento imprescindible dentro de la indumentaria nacional. Una prenda en principio accesoria al margen de las carreteras que, en ese pa\u00eds parec\u00eda haber pasado a presidir por completo la vida cotidiana de los ciudadanos, ampliando as\u00ed las capacidades de la funci\u00f3n para la que fue originariamente concebida.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaban los portugueses por aquel entonces, al igual que los espa\u00f1oles, en el umbral de la comunidad europea. \u00c9poca crucial en la que, tanto unos como otros, deb\u00edamos demostrar a nuestros futuros socios comunitarios que no \u00e9ramos tan palurdos como ellos, en principio, cre\u00edan. Aquel gran reto social nos condujo sin remisi\u00f3n a la estrepitosa locura de tener que adaptarnos, para ponernos a la altura de los<em> verdaderos europeos<\/em>, a toda una serie de nov\u00edsimas reglamentaciones que, en el fondo, no iban con nuestra forma de ser, mucho m\u00e1s libre, m\u00e1s ca\u00f3tica, m\u00e1s&#8230; artesana. Y as\u00ed lo hicimos, pero de tal manera, todo a la vez y a trompicones, que la nueva situaci\u00f3n acab\u00f3 origin\u00e1ndonos un monumental empacho de modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los primeros d\u00edas de estancia en el pa\u00eds vecino, comenc\u00e9 a notar algo poco habitual en las calles, aunque tambi\u00e9n en interiores. Me sorprend\u00eda aquella gente, pero no acertaba a dar con el motivo de mi desconcierto. Hab\u00eda algo en el ambiente que no encajaba con el esquema preestablecido que uno puede tener de la percepci\u00f3n humana. Y no llegu\u00e9 a saber lo que realmente estaba sucediendo hasta bien avanzado mi periplo. Fue durante una proyecci\u00f3n en un cine del centro de Coimbra, cuando di con el enigma. La se\u00f1ora que se sentaba delante m\u00ed, llevaba un casco puesto; casco que, como es l\u00f3gico, me imped\u00eda ver una parte de la pantalla. Por supuesto, le hice part\u00edcipe de mi problema. Confundida pero sin dejar de prestar atenci\u00f3n a las im\u00e1genes, me pidi\u00f3 disculpas alegando que no se hab\u00eda dado cuenta de que lo llevaba puesto, y se lo quit\u00f3 de inmediato. El descubrimiento no hizo sino intranquilizarme a\u00fan m\u00e1s. Me olvid\u00e9 por completo de la pel\u00edcula que estaba viendo, para dedicarme a penetrar en la negritud de la sala. Descubr\u00ed que la excusa de la portuguesa era com\u00fan a m\u00e1s de la mitad de la concurrencia, all\u00ed casi todo el mundo llevaba un casco puesto. Sesenta y tres unidades contabilic\u00e9. Aquel hecho me llev\u00f3 instant\u00e1neamente a pensar que ese era un tema de gran alcance, no el descuido casual de unas cuantas personas. (Un gran tema para trabajarlo art\u00edsticamente, algo que sucedi\u00f3 posteriormente al viaje, adaptando las im\u00e1genes que logr\u00e9 captar, a partir de aquel d\u00eda, de forma totalmente direccional. Las expuse en el Kunstmuseum de Bonn y obtuvieron un gran \u00e9xito.)<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, el protector de cr\u00e1neos se hab\u00eda introducido a marchas forzadas en todas las manifestaciones sociales y culturales de un pa\u00eds ansioso por ser otro que no era. Recorriendo Portugal de punta a punta, tuve la oportunidad de poder recopilar infinidad de situaciones en las que el casco era el protagonista trascendental de todas las escenas cotidianas. \u00bfO quiz\u00e1s fuera yo -llegu\u00e9 a preguntarme en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n-, el que estaba dando demasiada importancia a un tema, en el fondo, poco relevante? No: las colas de los supermercados estaban llenas de gente con casco; la mayor\u00eda de los recepcionistas y conserjes de los hoteles en los que me hosped\u00e9, despu\u00e9s de lo del cine, llevaban casco; una farmac\u00e9utica que me hab\u00eda vendido pastillas para la tos en Set\u00fabal llevaba casco; los padres y las madres acompa\u00f1aban a los hijos al colegio con el casco en la cabeza, y los mismos ni\u00f1os tambi\u00e9n lo llevaban para hacer esa ruta familiar; las matronas que vend\u00edan el pescado en las lonjas tambi\u00e9n llevaban casco, y los gu\u00edas tur\u00edsticos hac\u00edan sus recorridos por la ciudad con el casco bien calado y mejor atado. Innumerables ejemplos constatados que me hicieron suponer que esa gente se lo enfundaba por la ma\u00f1ana al levantarse, y no se la quitaban hasta la noche. Fuesen en moto, en coche, en avi\u00f3n, en tren o andando. Incluso llegu\u00e9 a pensar que algunos, para protegerse de los malos sue\u00f1os, dorm\u00edan tambi\u00e9n con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, mi verdadera obsesi\u00f3n tuvo que centrarse con los d\u00edas en la carretera. Fue all\u00ed, sobre el asfalto, donde comenc\u00e9 una delirante b\u00fasqueda de individuos en su medio espec\u00edfico. Me centr\u00e9 en los ocupantes de peque\u00f1as motoclicletas y ruidosos triciclos a motor. Pues era sobre esos medios de locomoci\u00f3n, tan espec\u00edficos y mayoritarios, donde aquella materializaci\u00f3n de la belleza reglamentarista alcanzaba su m\u00e1ximo esplendor. En el \u00e1mbito de las dos y las tres ruedas pude descubrir infinidad de matices, que jam\u00e1s se me llegaron a revelar en el de los caminantes. Por ejemplo que, parad\u00f3jicamente, los conductores jam\u00e1s lo llevaban abrochado, o que todos, absolutamente todos, usaban tallas reducidas, lo que les exageraba el volumen de la cabeza en sentido vertical, apepin\u00e1ndola en la mayor\u00eda de los casos de una forma grotesca. Circunstancia que les confer\u00eda un aspecto del todo humor\u00edstico, que ven\u00eda a contrastar con la circunspecta expresi\u00f3n de velocidad de sus rostros ensimismados. Me llamaron poderosamente la atenci\u00f3n las orejeras peludas que les colgaban a cada lado de la cabeza; orejeras libres por la acci\u00f3n del viento, que ayudaban a dibujar la estela del recorrido, enfatizando a\u00fan m\u00e1s si cab\u00eda la seriedad de una buena conducci\u00f3n dr\u00e1sticamente normalizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Matrimonios de doscientos cincuenta kilos, j\u00f3venes enjutos y fibrosos, amas de casa con la compra de la semana sobre la parrilla trasera, alba\u00f1iles yendo y viniendo de las obras, macarras ajustados de ropa, oficinistas y profesores: toda una naci\u00f3n con aspecto de futuro; una naci\u00f3n entera con el casco puesto.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:40px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>(Agosto de 1984 &#8211; Julio de 1995)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi conclusi\u00f3n definitiva acerca de Portugal, despu\u00e9s de mi primer viaje, fue que el casco de motorista se hab\u00eda convertido en elemento imprescindible dentro de la indumentaria nacional. 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