{"id":1782,"date":"2022-08-31T14:58:18","date_gmt":"2022-08-31T13:58:18","guid":{"rendered":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/?post_type=articulo_opinion&#038;p=1782"},"modified":"2022-08-31T15:28:18","modified_gmt":"2022-08-31T14:28:18","slug":"la-estetica-de-lo-sublime","status":"publish","type":"articulo_opinion","link":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/articulo_opinion\/la-estetica-de-lo-sublime\/","title":{"rendered":"La est\u00e9tica de lo sublime"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\" class=\"lead\"><em>El arte es una mentira<\/em> <em>que te permite averiguar la verdad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Pablo Ruiz Picasso<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">I<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre 2016 y 2019, Antoni Soc\u00edas realiza <em>Retablo del G\u00e9nesis<\/em>, una pintura incisiva por su factura poco convencional y turbadora por la manera de representar un acontecimiento de la historia reciente; una pintura que provoca a los sentidos en busca de ese momento en que el arte conecta con lo sublime para averiguar la verdad; una pintura de guerra sobre la guerra, como dec\u00eda Picasso al hablar del <em>Guernica<\/em>. El significado es, creo yo, filos\u00f3fico y se relaciona internamente con la recepci\u00f3n de los espectadores que acuden a ella en busca de respuestas. Este es su primer triunfo: el observador observado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La inspiraci\u00f3n parte de una gran novela: <em>Pastoral iraqu\u00ed <\/em>de Basilio Baltasar, convertida por el pintor en un espejo simb\u00f3lico para visualizar los recuerdos sobre los acontecimientos acaecidos durante la guerra. Una revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de la catoptromancia del mal que se quiere ocultar entre las gasas de la hipocres\u00eda de una sociedad incapaz de reconocer sus errores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He aqu\u00ed la respuesta de un pintor actual que bien podr\u00eda ser la de Schelling en <em>Bruno I<\/em>: \u00abImag\u00ednate<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">algo y su imagen devuelta por el espejo\u2026\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al convertir en im\u00e1genes de un espejo el texto de la novela, Soc\u00edas a\u00f1ade un suplemento de expresi\u00f3n visual, que permite la conmoci\u00f3n del espectador ante el desaf\u00edo a la belleza que supone recurrir a la est\u00e9tica de lo sublime. Es una especie de \u00e9xtasis, de entusiasmo, que implica aprender normas morales alejadas de las peque\u00f1as vidas civilizadas. Para hacerlo recurre a las maneras de hacer arte de los grandes maestros borgo\u00f1ones y alemanes de los siglos xv y xvi, van Leyden, Patinir, Durero o Wtewael y otros: una representaci\u00f3n aleg\u00f3rica que incorpora reflexiones <em>modernas <\/em>de los l\u00edmites del comportamiento humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero \u00bfen qu\u00e9 consisten esas maneras? Soc\u00edas se interesa en los personajes de rostro cambiado que representan la inquietante extra\u00f1eza; <em>Unheimlichkeit, <\/em>dec\u00eda Freud, la m\u00e1scara de uno mismo. Y de ese modo fusiona realismo y alegor\u00eda para fijar una de las emociones m\u00e1s fuertes que la mente es capaz de sentir, la del horror ante la destrucci\u00f3n. Y ello por varios motivos. Porque ve a sus personajes como los viajeros que se buscan a s\u00ed mismos en el mito de Narciso y se encuentran dentro del mito de Medusa, naturalmente sin que alcancen a ser Perseo. Y tambi\u00e9n porque los ve atrapados en un mundo que ofrece versiones alternativas a cualquier suceso, sin saber cu\u00e1l de ellas se atiene a la verdad. Su respuesta a esta situaci\u00f3n vital es una apuesta a favor de lo sublime que produce asombro y veneraci\u00f3n: <em>Bewunderung und Ehrfurcht<\/em>, dec\u00eda Kant en la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica <\/em>al hablar de esas dos sensaciones est\u00e9ticas. No le importa hacerlo a trav\u00e9s del est\u00edmulo del miedo porque es uno de los recursos m\u00e1s usados por el ser humano ante la presencia del horror. Una tormenta en mediode un oc\u00e9ano se contempla con una mezcla de asombro y veneraci\u00f3n que suscita el miedo necesario<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">para exorcizar una situaci\u00f3n terror\u00edfica, como es el naufragio y lo que le sigue. El compromiso con lo sublime le exige a Soc\u00edas un esfuerzo que pasa por articular los cuatro elementos b\u00e1sicos en la obra de arte que quiera entender el mundo: primero, mostrar el choque Oriente y Occidente, la violencia, la discordia, el disparate y la ofuscaci\u00f3n a trav\u00e9s de explosiones, humo y personajes mutilados; segundo, trabajar en una iconograf\u00eda de la perplejidad humana para<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">responder al siglo xxi y a sus d\u00f3ciles apologetas; tercero, como hizo Franz Radziwill con los paisajes urbanos, revisar la idea postmoderna de considerar el arte un producto de la correcci\u00f3n pol\u00edtica; y, cuarto, resituar los l\u00edmites de la raz\u00f3n para sanar la agon\u00eda del yo en la visualizaci\u00f3n de las pesadillasen la l\u00ednea de Johann Heinrich F\u00fcssli.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El plan inicial de Soc\u00edas fue habituarse al instante creador y a la empat\u00eda de las que Baltasar es un cumplido maestro, con el fin de lograr la suspensi\u00f3n de la realidad en beneficio de la irrealidad surgida de los desvar\u00edos provocados por el horror a la guerra. De este modo fusiona lo cotidiano y lo simb\u00f3lico con el objetivo de mirar lo sublime de un acontecimiento para lo que es obligado, aconsejaba Wittgenstein, \u00abverlo tal y como lo encontramos\u00bb. El <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>no solo como expresi\u00f3n gr\u00e1fica de personajes recreados en la novela, sino como encuentro de lenguajes, de tiempos hist\u00f3ricos distantes y de civilizaciones que, de otra manera, no tendr\u00edan oportunidad de haberse relacionado. Con ese criterio consigue que, para conocer el valor de la guerra de Irak (un acontecimiento cotidiano), se remita al origen (un plano simb\u00f3lico) relatado en el G\u00e9nesis; lo que, en una dimensi\u00f3n, es el horror de los bombardeos modernos, en la otra es el gesto de Dios de expulsar a Ad\u00e1n y Eva del Para\u00edso; si en una vemos un paisaje triturado por la metralla, en la otra una pareja aturdida ante los grandes horizontes de una tierra bald\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfUn castigo en ambos casos? Es dif\u00edcil decir que una poblaci\u00f3n merece ser destruida por una sospecha que a lo mejor es falsa (\u00bfhab\u00eda armas de destrucci\u00f3n masiva?), como tambi\u00e9n enviar a una pareja a un desierto por un pecado de desobediencia. S\u00ed, se trata en ambos casos de un duro castigo que ninguna forma de mediaci\u00f3n arm\u00f3nica puede subsanar. \u00a1<em>Pauvre Pascal<\/em>! De haberlo adivinado quiz\u00e1s hubiera cambiado sus atribulados <em>Pens\u00e9es<\/em>. El reino de la justicia nunca ha estado al alcance del ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El uso de la analog\u00eda simb\u00f3lica tiene esto de inquietante: se lee una novela sobre los horrores de la guerra de Irak y se pinta un retablo aleg\u00f3rico sobre la expulsi\u00f3n del Para\u00edso. Lo dem\u00e1s es simple a\u00f1adidura. Si se pregunta por el destino de los inmolados en un bombardeo, la mente le lleva a pensar en Ad\u00e1n y Eva con el gesto de taparse la desnudez con hojas, perplejos porque no entienden el pecado que les imputa el \u00e1ngel. Si se interesa por los infelices que en una calle iraqu\u00ed toman conciencia de la nada en t\u00e9rminos temporales de un instante, la mente lo transporta a la puerta del Para\u00edso, y ve a la primera pareja en la misma situaci\u00f3n, con el mismo rostro, que la gente destrozada por las bombas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es el efecto del eterno retorno, la noria del tiempo c\u00edclico que no se cansa de girar, obligando a todos los desterrados de antes y de ahora a subirse en la nave del <em>Narr<\/em>, del loco, y hallar en ella la respuesta a la pregunta que la humanidad se ha hecho desde el principio: \u00bfqu\u00e9 ha sucedido para merecer un castigo tan terrible?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el caso cotidiano que nos ocupa no tiene sentido que el desm\u00e1n de un gobernante lo pague la gente sencilla, en otro no es veros\u00edmil que todo sea por lo que se dice en el relato b\u00edblico sobre que un \u00e1ngel mentiroso, el diablo, bajo forma de serpiente incitara a una mujer a ignorar la prohibici\u00f3n de no comer el fruto de un \u00e1rbol. El apuro de nuestro mundo al ser castigado por las maquinaciones de unos poderosos sin alma se convierte en apor\u00eda teol\u00f3gica a la hora de afrontar el pecado original consistente en comer una manzana. Las recreaciones literarias y art\u00edsticas del hecho (por cierto, estudiadas por Stephen Greenblat en <em>Ascenso y ca\u00edda de Ad\u00e1n y Eva<\/em>) han forjado una senda a quienes reconocen<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">en cada guerra las huellas de lo sucedido en el origen. La lecci\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva, al ser expulsados del Para\u00edso, es que la humanidad ha sido, es, y ser\u00e1 expulsada de cualquier para\u00edso alternativo que fabrique por sof\u00edsticamente tecnol\u00f3gico que sea. Porque a fin de cuentas el hombre descubre que todo es transitorio y, como dec\u00eda Goethe en el <em>Fausto<\/em>, \u00abtodo lo transitorio es solo una imagen\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>pone la imagen a la transitoria congoja humana desde que el primer hombre y la primera mujer dieron la espalda a la inmortalidad, una promesa de Dios si se manten\u00edan fieles a las normas rectoras del jard\u00edn del Ed\u00e9n, y optaron por someterse a la muerte. Y lo hace con un esp\u00edritu escrutador de las causas, di\u00e1fano, t\u00f3rrido, elocuente, mediando en las situaciones y los acontecimientos narrados en <em>Pastoral iraqu\u00ed, <\/em>que se muestra as\u00ed como un verdadero libro de fuego, como en otro tiempo fue el Apocalipsis que provoc\u00f3 decenas de ilustraciones por Beato de Li\u00e9bana y sus imitadores. Y, de ese modo, consigue establecer la analog\u00eda simb\u00f3lica entre la guerra de Irak y el relato del G\u00e9nesis, pues<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a ambos solo los separa la sombr\u00eda fosa del tiempo. Una es ahora, el otro fue en el origen, pero tiende un puente entre ellos por medio de un repliegue personal, donde el poder de un alma supera el mundo material. Abierto el retablo a entender el futuro, necesita comprender el pasado. No hay futuro vivo con pasado olvidado. Hace falta coraje para abordarlo. Soc\u00edas lo hace. Es su personal homenaje a la novela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El reclamo autobiogr\u00e1fico para juzgar una situaci\u00f3n y crear un marco iconogr\u00e1fico para describir el mundo. \u00bfDe d\u00f3nde saca el impulso para hacer una cosa as\u00ed? Lo saca de su yo como primer y principal dep\u00f3sito de la mirada de la presencia de Dios en ambos acontecimientos. Es la l\u00ednea iniciada por Durero en 1500, en su lucha contra la anemia de la voluntad que llevaba al pietismo, a la doctrina que justifica teol\u00f3gicamente las acciones de Dios. El yo de Durero se sit\u00faa ante el Para\u00edso, piensa en \u00e9l mientras pinta a Ad\u00e1n y Eva, y atisba que el desencuentro por el saber llevar\u00e1 a la terrible escisi\u00f3n en el cuerpo de la cristiandad y luego de forma inevitable a una atroz guerra de religi\u00f3n. Soc\u00edas hace<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">lo mismo convirtiendo su experiencia personal en el sost\u00e9n de la analog\u00eda simb\u00f3lica entre la guerrade Irak y la creaci\u00f3n y ca\u00edda del hombre del relato b\u00edblico del G\u00e9nesis. Y ahora se puede pensar con raz\u00f3n que su sarcasmo visionario es el responsable de unas im\u00e1genes terribles en escala ascendente, de menor a mayor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfDemasiado dif\u00edcil? Puede ser. Pero d\u00e9mosle una oportunidad al <em>Retablo del G\u00e9nesis<\/em>. Lo merece. Los grandes cuadros perturban y desconciertan, por eso primero se admiran y luego se analizan. Sin embargo, hay que tener presente que comprender la obra de arte no supone negar la experiencia subliminal que se adquiere al contemplarla. Ambas son complementarias en el orgullo de seguir a Soc\u00edas, pincelada a pincelada, a lo largo de la enorme extensi\u00f3n de esta pintura que, en calidad y compromiso, solo es comparable a las <em>Spanish Elegies <\/em>de Robert Motherwell, pese a que aqu\u00ed hay una decidida apuesta por el arte figurativo y no por el abstracto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">II<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9rase una vez un retablo y una novela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son diez momentos de dramatizaci\u00f3n, en los que el artista emprende el trabajo de hacer un retablo en el que encarna sus creencias m\u00e1s fundamentales, en diez paneles, donde ofrece una lectura de la novela <em>Pastoral iraqu\u00ed<\/em>. En esta estructura, percibo un lejano eco de los pasos seguidos en la Biblia impresa en 1478 por Heinrich Quentel de Colonia, donde la explicaci\u00f3n del libro del Apocalipsis se hace en diez paneles para representar el fin de los d\u00edas. L\u00ednea que volvieron a seguir en 1483 Anton Koburger de Nuremberg y en 1520 Johan Trutebel de Halberstad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, tenemos diez paneles, y diez historias, que no dejan de obsesionarnos con sus mensajes y se\u00f1ales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Procedamos a la tarea de quitarles los velos uno a uno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">PRIMER PANEL: ANATOM\u00cdA DE UNA EJECUCI\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La habitaci\u00f3n descrita es una especie de <em>ready-made <\/em>de los que le gustaba hacer a Marcel Duchamp:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">objetos cotidianos con un orden expl\u00edcito. Un aparador con una fotograf\u00eda en un marco, una mesa con un libro de arte, un mando a distancia de un televisor que no aparece a la vista, un florero con hojas y un sof\u00e1 a modo de altar sobre el que est\u00e1 depositada una cabeza cortada, bien visible, como si fuese el restodel cuerpo desmembrado de Osiris, que busca Isis. \u00bfQu\u00e9 hace una cabeza entre los objetos? \u00bfQui\u00e9n es?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena tambi\u00e9n es una evocaci\u00f3n de un acontecimiento olvidado. Hay algo er\u00f3tico en la naturalidad con que se muestra el resultado de una degollaci\u00f3n, que escapa al decoro burgu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEl Eros de la guerra provoca, a distancia de meses, de a\u00f1os, un rubor en el que investiga lo ocurrido, y cuando se comienza la lectura de <em>Pastoral iraqu\u00ed <\/em>se revela el ambiente donde se fragu\u00f3 la ejecuci\u00f3n, unos d\u00edas de noviembre en los que el trabajo realizado no sirvi\u00f3 de nada\u00bb, se dice nada m\u00e1s empezar en un informe redactado al regresar de la misi\u00f3n en Irak.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este informe es una explicaci\u00f3n sobre hechos que ocurrieron y nadie acierta a saber por qu\u00e9 tuvieron que ocurrir, salvo que se entienda la vida humana como efecto de una escatolog\u00eda b\u00edblica, la manifestaci\u00f3n del juego de Dios. Se mat\u00f3, se humill\u00f3; al final gan\u00f3 la muerte. Pero, \u00bffue una ejecuci\u00f3n o un asesinato? Esa es la pregunta que incomoda, que siempre ha incomodado, en todo lo referente a ese \u00abdelicate and dangerous business\u00bb, como califica el reputado medievalista Edward Peters a la pr\u00e1ctica de cercenar el cuello del prisionero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los primeros d\u00edas se vio con frecuencia, cerca de la sangre, a soldados espa\u00f1oles, y cuando se pusieron a combatir la guerrilla urbana se percataron de que hab\u00edan entrado en una espiral infernal. Mataban para no morir, y sab\u00edan que los otros hac\u00edan lo mismo: mataban para no morir ellos. En ciertos momentos escrutaban los ojos de los enemigos, y alguno llegaba a la conclusi\u00f3n de que solo en la definici\u00f3n de la demencia pod\u00eda encontrarse la respuesta a la posibilidad de que pudieran ser degollados. Entonces, sin darse cuenta, conectaban con la leyenda de Virbio, el amante de Diana, el guardi\u00e1n del bosque donde Eneas arranc\u00f3 la rama dorada de una encina, cuya versi\u00f3n moderna nos conduce a los estudios de James Frazer y a los relatos de Joseph Conrad. El degollado es el hombre que se ha vuelto loco y acepta el sacrificio de ser el chivo expiatorio de un acto tremendo del que es ajeno. Pero falta saber \u00bfcon qu\u00e9<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">cuchillo se hizo, qui\u00e9n fue el ejecutor, y cu\u00e1les son los motivos? Demasiadas preguntas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Soc\u00edas afronta la escena alej\u00e1ndose de los \u00abarque\u00f3logos\u00bb de Giorgio De Chirico, aunque acepta algo de Francis Bacon a pesar de que no coincida con \u00e9l en la identidad del hombre sacrificado (est\u00e1 claro que Cristo crucificado es oficiante y v\u00edctima al mismo tiempo). La cabeza del sof\u00e1 es una mueca de sarcasmo sobre esas pr\u00e1cticas incontrolables, dispersas en el tiempo, que proponen el deg\u00fcello por puro placer, sin que intervenga para ello el hambre o la guerra. No hay nosolog\u00eda cl\u00ednica que pueda explicar la postura del oficiante ante la v\u00edctima. Se requiere una pastoral explicando los hechos, que han sido retorcidos por una intensa propaganda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lectura de <em>Pastoral iraqu\u00ed <\/em>realizada por Soc\u00edas le permite hacer este primer panel que resulta la magistral anatom\u00eda de una ejecuci\u00f3n. El trazo con el que dibuja la habitaci\u00f3n, donde est\u00e1 el sof\u00e1 con la cabeza, brota del estremecimiento sobre un hecho innecesario, la guerra de Irak como respuesta al atentado al World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Perdida la raz\u00f3nde ser, queda la matanza. Desde el instante del atentado se supo que solo hab\u00eda un camino, el del horror, y nada m\u00e1s. Un latigazo, una tormenta moral, un cambio de la historia, pero esta vez sin posible retorno. Una breve pausa y comenz\u00f3 la reacci\u00f3n de los agredidos que cerr\u00f3 el planeta sobre s\u00ed<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">mismo, pues desde el primer momento se supo que tras la represalia hab\u00eda un complot de los <em>lobbies <\/em>industriales. La guerra contra el terrorismo se\u00f1ala el momento germinal de una \u00e9poca que busca en el origen la revelaci\u00f3n del final de un conflicto que nadie es capaz de ganar. Para alterar el orden del mundo, para alzarse con altivez sobre el significado de las cosas, hab\u00eda que encontrar un referente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es la primera vez que se comet\u00eda un hecho as\u00ed. Se recurri\u00f3 al mito para explicarlo. Naturalmente la guerra de Irak era la mala copia del viejo conflicto de Astrea contra los titanes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eso es lo que hab\u00eda entre las cuatro paredes de la habitaci\u00f3n donde tuvo lugar la ejecuci\u00f3n del hombre cuya cabeza est\u00e1 en el sof\u00e1. Y, justamente al contemplar esa imagen atroz, se revela una idea familiar del conocimiento inici\u00e1tico: la verdad aparece entre los materiales con los que se labran los s\u00edmbolos. Por eso Soc\u00edas propone, como punto de partida de la anatom\u00eda de la ejecuci\u00f3n, que atendamos el significado de la cabeza cortada, rodeada de objetos reunidos por el azar, con el fin de fijarnos en los ojos de la v\u00edctima del sacrificio que guardan recuerdos de las batallas callejeras, de los enemigos emboscados y de las casas destruidas. La ausencia del cuerpo es un detalle sin importancia ante el hecho de que el Eros de la destrucci\u00f3n conduce a T\u00e1natos. Lo que incita a la ejecuci\u00f3n es una actitud vital que anida en lo que Carl Jung llamaba las profundidades del alma. Luego solo queda saber por qu\u00e9 se necesita la aclamaci\u00f3n de las multitudes, sobre todo si se presentan unidas, para enmudecer los gritos del degollado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una agitada ch\u00e1chara ha rodeado desde entonces el halo de este tipo de ejecuciones rituales donde la v\u00edctima se sit\u00faa en los bordes de la contemplaci\u00f3n a trav\u00e9s del sufrimiento. En el an\u00e1lisis de los objetos de la habitaci\u00f3n, ejemplos de esnobismo moderno, se reconoce la huella del matarife que conecta con una tradici\u00f3n hist\u00f3rica de siglos a la hora de separar la cabeza del cuerpo, desde los suplicios babil\u00f3nicos a la guillotina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SEGUNDO PANEL: EL CAMINO DE SALIDA DEL PARA\u00cdSO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vemos una persona caminando hacia la tierra bald\u00eda que hay fuera del Para\u00edso. Parece alguien que busca en el desamparo lo necesario para subsistir, sin saber a\u00fan c\u00f3mo ser\u00e1 su nueva vida. Estamos ante una especie de corredor con vegetaci\u00f3n a ambos lados y una mujer mirando al espectador con los senos desnudos y un mech\u00f3n de pelo rubio sobre el hombro derecho. La mirada es un desaf\u00edo contra la f\u00e1bula del vivir\u00e1n felices al descubrir lo que Hegel llam\u00f3 <em>escisi\u00f3n<\/em>, <em>Entzweiung<\/em>, ruptura de la continuidad entre lo sagrado y lo profano. En torno a ese gesto, se cimienta la analog\u00eda con los sucesos del destacamento espa\u00f1ol al llegar a Irak, narrados en la novela. Pero el secreto a desvelarest\u00e1 en la misma imagen, la identidad del personaje. Una vez m\u00e1s el <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>asume el esoterismo como una necesidad explicativa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Veamos los detalles de la llegada de un destacamento espa\u00f1ol al mando del coronel Alejandro de Merola a Irak, dispuesto para el combate, dispuesto para la batalla, sin estar preparado para tener la experiencia extrema de lo <em>tremendum <\/em>y <em>fascinosum <\/em>que, seg\u00fan Rudolf Otto, es la percepci\u00f3n de la v\u00eda santa, que el impuro y el insensato jam\u00e1s transitan. Y veamos c\u00f3mo, tras un superficial contacto, el coronel Merola se interesa por la tierra y se sumerge en el mito para entenderla. La proximidad a los arquetipos, luz y oscuridad, silencio y follaje, mujer y hombre, le lleva a un estado de delirio, cuando descubre, en uno de sus habituales sue\u00f1os, que a la mujer, que le sale al paso en un vergel, \u00able cuelga entre sus muslos un pene de gran tama\u00f1o\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Atracci\u00f3n o rechazo, curiosidad o miedo: la historia de las relaciones humanas se concentra en esta polaridad positiva o negativa. Tratemos de entenderlo. Miremos detenidamente a la mujer-hombre. Lo que parece imposible lo realiza el amor, y el mito est\u00e1 ah\u00ed para aclararlo: Hermes hace el amor con Afrodita, y el resultado es el <em>Hermafrodito<\/em>, cuya imagen podemos ver en el Museo del Louvre sobre un colch\u00f3n que le hizo Bernini para que mantuviera durmiente por toda la eternidad su bell\u00edsimo cuerpo de mujer y su no menos bell\u00edsima erecci\u00f3n de hombre. Y veamos ahora al coronel Merola que ante esta aparici\u00f3n solo se le ocurre decir: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me has hecho esto, otra vez?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otra vez. La repetici\u00f3n como raz\u00f3n del suceso. Merola se deja llevar por ella para saber de qu\u00e9 modo tiene que comportarse en la historia en la que est\u00e1 inmerso: un historia que le parece \u00abuna pesadilla de la que hay que tratar de despertar\u00bb, en la l\u00ednea de la confesi\u00f3n de Stephen Dedalus en <em>Ulises. <\/em>Tambi\u00e9n ah\u00ed se trasluce la inmensa capacidad del mito para conjurar la sombra del alma, que en el caso de este coronel se manifiesta por medio de unas migra\u00f1as peores \u00abque los tormentos del infierno\u00bb y \u00abm\u00e1s espantosas que la agon\u00eda de morir viendo como le arrancan los dedos con unas tenazas de hacer al rojo vivo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que razonar sobre lo que est\u00e1 sucediendo y no bastan las confusas meditaciones del capell\u00e1n castrense, eco doctrinal de una banal concepci\u00f3n de la historia. Busca la explicaci\u00f3n en la sublimaci\u00f3n de su carrera militar. Merola est\u00e1 empe\u00f1ado en su trabajo. Ve enemigos por todas partes. Es un monoman\u00edaco de las ordenanzas y de la defensa de su prestigio \u00abque tanto le ha costado conseguir\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No llega a ser un Kurtz, pero poco le falta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia le sale al paso al contemplar \u00abun mundo borrado por el paso del tiempo\u00bb. Pero, \u00bfle afecta?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un poco, no mucho. Mezquino Merola: m\u00e1s que un ataque terrorista teme \u00abpadecer alg\u00fan d\u00eda la maldici\u00f3n de la pobreza\u00bb. Ya lo dijo Nietzsche en <em>Aurora<\/em>: \u00absi el vigor del individuo se debilita\u2026 su imaginaci\u00f3n desarrollar\u00e1 sus supersticiones\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alta traici\u00f3n, se llamaba a eso en el mundo de ayer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">TERCER PANEL: EL ASNO DE ORO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo ritual exige el reconocimiento del otro. Aqu\u00ed un asno. Al final vence la alegor\u00eda. \u00bfDe qu\u00e9 se trata? Se trata de abrir los sentidos a la conciencia est\u00e9tica alcanzada tras la lectura de la obra de Apuleyo. Pero el hallazgo de esta explicaci\u00f3n es amargo, m\u00e1s que cualquier otra imagen de este retablo. Ese asno, en medio de un remolino donde un pa\u00f1o azul quiere escapar por el punto de fuga del cuadro, es un mensaje del poder de la metamorfosis sobre la mirada saturnina sobre los efectos de la guerra. Contrarresta la vehemencia m\u00edtica del panel anterior con una apuesta por el hermetismo,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">pues exige conocer lo que es una cosa que en apariencia es otra. De ah\u00ed su formidable fuerza ante el espectador: la m\u00e1s m\u00ednima sugerencia de que se trata de un plano simb\u00f3lico moviliza la emoci\u00f3n m\u00e1s alta. Saber qui\u00e9n es realmente el asno es el deseo oculto entre los deseos cotidianos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El asno representa la encrucijada de la vida: dos caminos, dos lecturas, el del iniciado, el del insensato. No hay que dar m\u00e1s vueltas, incluso la zoolog\u00eda ayuda: el asno copula fuera de su especie, con una yegua para engendrar un mulo, o una mula. Lo ins\u00f3lito es el umbral de lo terrible. Aqu\u00ed estamos absortos ante el asno (de oro).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Perfecta alusi\u00f3n a la patencia. El Plat\u00f3n del <em>Filebo <\/em>se habr\u00eda sentido orgulloso de esta imagen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando <em>Pastoral iraqu\u00ed <\/em>expone la circunstancia del encuentro con el asno, el lector no debe enga\u00f1arse:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">habla de la m\u00e1scara que utilizan los adeptos de Isis. Dir\u00edase que lo expone con cierta iron\u00eda, como siempre sucede con Baltasar cuando habla del <em>humus <\/em>de los cl\u00e1sicos. Una escena digna de Apuleyo. Al desplegarse, la brigada destacada en Irak (incapaz de entender lo que est\u00e1 sucediendo: en suma, la disoluci\u00f3n de un pa\u00eds y la civilizaci\u00f3n que representa) se topa con un asno. Instante cr\u00edtico, pues alguien advierte de inmediato que un tipo como Arnal el Rojo podr\u00eda tener \u00abla osad\u00eda de disparar al asno\u00bb. La ignorancia invisible flagela el mundo. Ajenos a cualquier entendimiento de la cultura<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que tienen enfrente, \u00e1speros y meditabundos, esos toscos soldados asumieron los t\u00f3picos sobre una sociedad musulmana, velos y encierro en las mujeres, agresividad e insolencia en los hombres, y fueron mucho m\u00e1s culpables que los innobles mandos que los mandaron all\u00ed sin informarles. \u00bfY el asno que tiene qu\u00e9 ver en todo esto?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena hay que volver a mirarla: el azul, el blanco, el oro como pistas para asumir el sarcasmo visionario que tanto bien les hubiera hecho a los soldados. Pero este tercer panel acude en nuestra ayuda, la injuria se hizo. No hay que olvidarlo. El asno estuvo a punto de ser masacrado. Tampoco hay que olvidarlo. Es una advertencia de alto contenido simb\u00f3lico. \u00bfQui\u00e9n era el asno antes de su metamorfosis? En realidad, si existe una verdad en la guerra de Irak, se sabr\u00e1 el mismo d\u00eda que descubramos qui\u00e9n era el personaje que se convirti\u00f3 en asno. Creerlo o no depender\u00e1 de las afinidades literarias que se tengan. Pellizqu\u00e9monos, s\u00ed, ha habido alguien que se ha atrevido a hacer esa pintura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un dato m\u00e1s para despistados: entre los libros que llevaba consigo el coronel T. E. Lawrence durante la revuelta \u00e1rabe, y con los que se inspiraba para escribir el borrador de sus <em>Siete pilares de la sabidur\u00eda<\/em>, el libro de Apuleyo era el que m\u00e1s veces sacaba del macuto. Me gusta creer que era ese el libro que le\u00eda en el oasis en los instantes previos a su encuentro con el destino que le llevar\u00eda a metamorfosearse en Lawrence de Arabia; en todo caso, cien a\u00f1os despu\u00e9s de esta escena, y acaso en el mismo lugar, los soldados espa\u00f1oles retratados en <em>Pastoral iraqu\u00ed <\/em>se detienen ante un asno (de oro), no se atreven a dispararle, ni siquiera los m\u00e1s est\u00fapidos como el protest\u00f3n pelirrojo, y se preguntan por qu\u00e9 lo han hecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Soc\u00edas, consciente de que ese momento es decisivo, convierte al asno en una cera anat\u00f3mica. El efecto de la influencia borgo\u00f1ona. A veces, la obra de arte es una iluminaci\u00f3n del artista del momento de m\u00e1xima conciencia. Como en este caso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>tiene un objetivo constante, es este: no hay que confundir jam\u00e1s una arboleda con un mont\u00f3n de le\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CUARTO PANEL: EL \u00c1RBOL DE LA PENITENCIA<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vayamos a \u00e9l. Lo har\u00e9 con lentitud, partiendo del modo de ser de la obra de arte. Lo dijo Hans Seldmayr, mientras estudiaba a Picasso, \u00abel arte plantea a la existencia una tarea, la de ganar, a cada est\u00edmulo y a la potente llamada de cada impresi\u00f3n est\u00e9tica, la continuidad de la autocomprensi\u00f3n que es la \u00fanica capaz de sustentar la existencia humana\u00bb. Por esta raz\u00f3n, la obra de arte se ha alzado en nuestros d\u00edas contra la moralidad subjetiva de Kant, donde la \u00e9tica se vuelve impotencia y desmayo; mero pietismo, que reconoce la presencia de Dios en los sentimientos \u00edntimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay que salir de eso. Es preciso regresar al lenguaje del mito que permite al alma vagar un instante en la irrealidad antes de encontrarse de nuevo con su desesperada realidad. Fue el caso de Ad\u00e1n en el G\u00e9nesis; es el caso de la retirada en Occidente a la interioridad como baluarte del ser. Rasgo rom\u00e1ntico que se aplica a la poes\u00eda, al teatro, a la pintura como un alejamiento de los valores del origen. Porque la verdad est\u00e1 fuera. Pero, \u00bfd\u00f3nde?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se abre una l\u00ednea de acci\u00f3n necesaria, providente, mediante el uso de la conciencia est\u00e9tica para desvelar lo que permanece en lo oculto, eso que se ha querido explicar trabajando sobre el mito. El ojo del artista ve la vida con un sesgo m\u00edtico, dijo Thomas Mann en la famosa conferencia sobr<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Freud. Ciertamente, aqu\u00ed aparece un carnero a los pies de un hombre con el cuerpo desnudo, arqueado sobre un \u00e1rbol, ext\u00e1tico, horrorizado, con los brazos ca\u00eddos, que acrisola la penitencia tras a expulsi\u00f3n del Ed\u00e9n por el pecado de haber comido de la fruta prohibida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCasualidad iconogr\u00e1fica este encuentro entre el hombre y el carnero? \u00a1No! Mensaje. Del mismo modo que es un mensaje inolvidable, para los amantes del arte, encontrar un significado para el cordero m\u00edstico pintado por Jan van Eyck en el famos\u00edsimo pol\u00edptico de Gante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este punto, el <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>nos propone un peque\u00f1o ejemplo: la fe es una inspiraci\u00f3n particular del espacio, y por ese motivo el espacio vislumbrado a lo lejos del \u00e1rbol (un paisaje \u00e1rido y monta\u00f1oso como son los desiertos donde se purgan los pecados) es una fuerza que irradia la historia desde el mismo origen seg\u00fan narra el mito. Luego tiene lugar la repetici\u00f3n inherente a todo mito que se convierte aqu\u00ed en un elemento curativo para el atolondrado coronel, haci\u00e9ndole repetir, en su vaporosa pesadilla diaria, el festivo juego del destierro del Ed\u00e9n con eso que secretamente configura la vida a partir de sus propias profundidades (el inconsciente, dec\u00eda Jung). Y por eso revela su situaci\u00f3n: \u00abDesde lo alto de la loma contempl\u00e9 un grandioso paisaje. El agua de los r\u00edos descend\u00eda de la cumbre regando una tierra frondosa y suave. Inmensas arboledas se perd\u00edan a lo largo del valle y una mir\u00edada de aves de colores revoloteaban en sus ramas. Nobles criaturas semejantes a nuestras reses, pac\u00edan por el prado. El gorjeo de los p\u00e1jaros y su nervioso aleteo llenaban el aire de una festiva placidez. La brisa refrescaba mi rostro y la luz esparc\u00eda su benigno valor sobre la tierra\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta confesi\u00f3n exige, para entenderla, una sensibilidad que no es necesariamente la de los practicantes de los ritos religiosos, la sensibilidad de quien es capaz de imaginar en un gesto de profunda desesperaci\u00f3n el inmenso teatro del mundo y dar gracias por haberlo entendido: \u00abElev\u00e9 al cielo una oraci\u00f3n de gratitud y con l\u00e1grimas en los ojos hinqu\u00e9 mis rodillas en el suelo. \u00bfAcaso no es esta la tierra creada al principio de los tiempos? \u00a1Al fin redimido! \u00bfSe imagina? Libre del espanto de todas las noches\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Que no quede por eso. La muerte libera situaciones extremas. \u00bfAcaso en las colecciones de <em>mirabilia <\/em>no aparecen las pruebas de que existe un camino que lleva directamente a la muerte? Eso explicar\u00eda muchas cosas. \u00bfEstamos preparados realmente para recibir la noticia de que la muerte es el instante siguiente del que estamos hablando? No es seguro. Sin para\u00edso, el ser humano es un ser orientado a la muerte. \u00bfCu\u00e1ndo llega? Aqu\u00ed aparece el n\u00facleo del problema al que responde este retablo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">QUINTO PANEL: EL ACONTECIMIENTO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un momento en que la revelaci\u00f3n adopta la forma de una mujer frente a un espejo en cuya espalda se ha clavado el Boeing 757, el que se lanz\u00f3 contra la Torre Uno del World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Se abre un nuevo panel: ah\u00ed est\u00e1 reclamando la analog\u00eda simb\u00f3lica para explicarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vayamos al texto de la novela: \u00abLa falsa pesadilla del coronel Merola\u00bb, fantasear una vivencia que le afecta aunque solo de forma subsidiaria. Si \u00e9l est\u00e1 en Irak, es por un acontecimiento que aparecedetr\u00e1s de su especulaci\u00f3n, el atentado del 11-S. Ese atentado es el <em>nec plus ultra <\/em>del mundo moderno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed empez\u00f3 todo. La duda sobre la solidez del imperio americano, la congoja por conocer el futuro del estilo de vida, cuya m\u00e1xima expresi\u00f3n est\u00e1 en la estatua de la Libertad situada en el puerto de Nueva York frente a la isla de Ellis.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin subterfugios de ninguna clase, la inquietud del coronel (y la raz\u00f3n de sus pesadillas) tiene que ver con la naturaleza de un acto de terrorismo y su conmoci\u00f3n social, el equivalente entre los so\u00f1adores de explicaciones apocal\u00edpticas a los objetivos marcados en <em>El fin de la historia y el \u00faltimo hombre <\/em>de Francis Fukuyama. En esta versi\u00f3n del origen del atentado, el int\u00e9rprete Massoud es el \u00faltimo hombre que persevera l\u00facido en esa recreaci\u00f3n humana, demasiado humana, del castigo de Dios a los actos de soberbia. A partir de aqu\u00ed se considera el acontecimiento que produce una interferencia en el curso de la vida, la brecha, el <em>gap, <\/em>dec\u00eda Hanna Arendt, que remite al que ocurri\u00f3 una vez, al principio de los tiempos, cuando \u00abincapaces de buscar refugio para ponerse a salvo, Ad\u00e1n y Eva contemplaron con espanto el espect\u00e1culo de la c\u00f3lera desatada a su alrededor\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la herida infligida a Madre-Tierra representada aqu\u00ed por la mujer ante el espejo con el avi\u00f3n clavado a su espalda. Ha sido incapaz de predecirlo y se siente ultrajada al no haber cumplido su misi\u00f3n de combatir el monstruo que se le ech\u00f3 encima. Abre los brazos cubiertos de una tela azul el\u00e9ctrico, que lleva tambi\u00e9n en las mu\u00f1ecas, observa sus gestos de dolor en el espejo y el humo que sale de su cetro. Se siente la ca\u00edda de esa estatua de la Libertad, emblema de la sociedad paralela que cree en la fraternidad universal como equilibrio entre la Diosa Madre y el ojo de Dios que, descuidado, observa la escena. Todo parece demasiado evidente porque esa imagen es el \u00abs\u00ed porque\u00bb del mundo. Es posible que cueste entender o intuir a qu\u00e9 se atent\u00f3 entonces, algo m\u00e1s que al orgullo de una sociedad confiada en el<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">ilimitado poder del dinero; sin embargo, al ver el humo negro que corona la escena nos damos cuentade que los a\u00f1os que quedan de mundo no ser\u00e1n m\u00e1s que polvo de cemento y cristal, y siendo el nuevo humus solo cabe preguntar si se regresar\u00e1 otra vez, o con esto se acaba por fin la historia. \u00bfQui\u00e9n dirige este espect\u00e1culo? \u00bfEl capital mundial o el integrismo religioso? Nadie contesta porque no se sabe. La verdad est\u00e1 en el principio. All\u00ed est\u00e1 la referencia. Del mundo de los hechos al mundo como visi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El humo negro capta la atenci\u00f3n con demasiada frecuencia, y eso indica que necesitamos asumir la destrucci\u00f3n para un nuevo principio. Pero hay que conocer y percibir otra profundidad, en el mundo del yo, antes y despu\u00e9s de aquella ma\u00f1ana en la que se atent\u00f3 contra una idea de la historia y de donde surge la imagen de una Diosa Madre herida por un avi\u00f3n en la espalda, con brazos, manos, gestos de dolor y s\u00edmbolos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muerte, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu victoria?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ninguna parte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desenlace esperado: hay que volver al <em>Retablo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SEXTO PANEL: UNA CABEZA CORTADA QUE A\u00daN SUE\u00d1A<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para comenzar, el efecto de haber serrado un cuerpo por el cuello. Una cabeza cortada que, a diferencia del primer panel, no est\u00e1 situada entre objetos cotidianos, encima de un sof\u00e1, sino que aparece sola, en primer plano. Es la misma cabeza pero la vemos mucho m\u00e1s grande, lo que multiplica visiblemente el simbolismo de la decapitaci\u00f3n. Esta creaci\u00f3n perpet\u00faa el horror de la imagen y nosotros, sus espectadores, sin saber qu\u00e9 hacer, si retroceder y retirarnos aterrados de la escena o quedarnos a contemplarla con m\u00e1s detenci\u00f3n para as\u00ed entender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No est\u00e1 mal la encrucijada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un poco de lectura puede ayudar en la decisi\u00f3n. Julia Kristeva en <em>Visiones capitales <\/em>recuerda que la decapitaci\u00f3n es indisociable del sacrifico, por tanto forma parte de lo sagrado. El resultado es un libro denso, articulado a favor de esa <em>joie de la repr\u00e9sentation <\/em>sobre los relatos b\u00edblicos dedicados al acto de degollar sin el menor remordimiento. Los testimonios as\u00ed lo evidencian: David le corta la cabeza al gigante Goliat, Judit hace lo mismo con Holofernes y Salom\u00e9, por su parte, m\u00e1s sutil, recurre a alguien cuando pide la cabeza del Bautista en una bandeja de plata como premio a su danza de los siete velos. Estable recurso ic\u00f3nico que desde Donatello a Artemisa Gentileschi o Rubens se enfrenta al mito de Perseo y su aventura para salvar a Andr\u00f3meda del tit\u00e1n. Otra cabeza para cortar. Pero esta<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">vez no es de hombre sino de mujer. Cambio de argumento, de escenario. Una <em>cabeza amenazadora, <\/em>como la que pint\u00f3 Paul Klee en 1905.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Atento, generoso, Perseo, tras degollar a Medusa, levanta su cabeza y encuentra su destino. Al menos eso es lo que quiso decirnos Benvenuto Cellini, a mediados del siglo xvi, al esculpir la escultura en bronce para la Loggia dei Lanzi de Florencia. Una escultura manierista donde destaca el dif\u00edcil detalle t\u00e9cnico del goteo de sangre. En 1806, Antonio Canova le da la r\u00e9plica en m\u00e1rmol, una escultura de una extra\u00f1a sensibilidad para alguien que tiene poca fe en ese mito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab\u00a1Una cabeza, de sobra sabemos lo que es una cabeza!\u00bb, exclam\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n un enfurecido Andr\u00e9 Breton. Lo cual no es cierto: la cabeza es de lo que menos sabemos, sobre todo si se trata de una cabeza cortada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El desaf\u00edo de Soc\u00edas est\u00e1 aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Situar en primer plano una cabeza cortada equivale en este caso a convertirla en un autorretrato recuperando la reflexi\u00f3n sobre lo sacro y lo sacrificial que todo acto de decapitaci\u00f3n supone.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Buscando precedentes, vemos que es una decisi\u00f3n que le acerca a la de Caravaggio en el <em>David con la cabeza de Goliat <\/em>de la Galleria Borghese de Roma, cuando se represent\u00f3 a s\u00ed mismo en la cabeza cortada del gigante filisteo. Los elementos son similares: ojos que miran hacia un lugar indefinido, boca abierta como si sintiera a\u00fan la asfixia previa a la degollaci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 movimiento! Lo que en Caravaggio es la legitimaci\u00f3n del barroco, en Soc\u00edas es un reclamo al valor del origen. En ambos casos se aprovecha de la inmensa riqueza que permite la pintura para decir dos cosas diferentes con una misma imagen: mostrar el mundo y mostrarse ante el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La sublimaci\u00f3n de la pastoral se alcanza en la alegor\u00eda. La cabeza cortada se sirve de esta propiedad inherente al arte de ser a la vez el elemento significante de una experiencia social y el gesto de una vivencia personal. En su calidad de referente universal del acto de la decapitaci\u00f3n, la cabeza cortada permite una lectura simb\u00f3lica del suceso en el origen, esa cabeza puede ser muy bien la de Ad\u00e1n una vez ha comprendido el alcance de su destierro, pero tambi\u00e9n un autorretrato que permite representar la perplejidad ante el enigma de la existencia. De ese modo, el sexto panel borra las m\u00e1s viejas oposiciones de nuestra civilizaci\u00f3n educada en la hermen\u00e9utica b\u00edblica: muestra una realidad y nombra un momento; asienta una tradici\u00f3n y denuncia una situaci\u00f3n; reproduce un arraigado motivo art\u00edstico y articula un moderno modo de hablar de un suceso reciente; imita y recrea; mira el pasado y observa el futuro. Dejemos tales reclamos al yo: son las pruebas de una voluntad por conocer el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00c9PTIMO PANEL: UNA CENT\u00c1UREA EN MEDIO DEL HUMO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Haciendo realidad su sue\u00f1o, Soc\u00edas acaba por liberarse en su propio lenguaje, el art\u00edstico. Ir\u00e1 m\u00e1s lejos que el texto a la hora de encontrar la imagen para definir la cat\u00e1strofe. Un simbolismo completo opera en la elecci\u00f3n de la flor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es sencillo. Basta saber lo que est\u00e1 en juego.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00ed, el s\u00e9ptimo panel demuestra que la guerra se ha trasladado a Bagdad, ciudad que aparece difuminada entre el humo negro tras una cent\u00e1urea violeta que ha colocado en primer plano. La flor resulta cercana, incluso familiar, aunque la desconozcamos, como si en nosotros se conservaran los rastros de lo org\u00e1nico. En cambio el referente textual aparece lejano. Curiosa historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La novela atraviesa las intrigas revelando las claves teol\u00f3gicas, el retablo busca el tono pict\u00f3rico que las explique. Su misi\u00f3n, adem\u00e1s de crear im\u00e1genes explicativas, es visualizar las alegor\u00edas del texto. Su modo de operar conlleva a la reflexi\u00f3n, a trav\u00e9s del simbolismo de una cent\u00e1urea violeta, de lo que en la teolog\u00eda cristiana se llama <em>hip\u00f3stasis<\/em>, vale decir, el misterio de la Trinidad. Seg\u00fan creo, Soc\u00edas tiene presente, para reajustar nuestro bagaje sensorial, el <em>Tratado de los colores <\/em>de Goethe, donde se escribe: \u00ablos colores son las acciones de la luz, las acciones y la pasiones\u00bb. El color es por tanto la v\u00eda por la que la pintura conecta con las expresiones m\u00e1s herm\u00e9ticas de la novela, pues la cent\u00e1urea cobra significado al ver que bajo su manto se afirma lo siguiente: \u00abEl Hijo no vino a perdonar. El Hijo vino a ense\u00f1ar a perdonar: a perdonar el capricho del Padre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfPor qu\u00e9 esta elecci\u00f3n de una cent\u00e1urea violeta es un gui\u00f1o a la hora de situarse ante esta abigarrada afirmaci\u00f3n? \u00bfPodemos hablar de una metaf\u00edsica del color como la novela habla de una teolog\u00eda de la fe? La met\u00e1fora solo se explica recordando que la invocaci\u00f3n al color fue uno de los motivos con los que los m\u00edsticos de la <em>Devotio Moderna <\/em>marcaron la pintura borgo\u00f1ona y alemana de los siglos xv y xvi. Si el color expresa una posici\u00f3n ante uno de los misterios m\u00e1s insondables de la teolog\u00eda es porque nuestra percepci\u00f3n de la realidad participa de la misma sustancia que la intelecci\u00f3n metaf\u00edsica. Si ponemos color a lo invisible es porque lo invisible forma parte de nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00edstica anal\u00f3gica, se llama esto. Una naturalidad compartida entre el ojo que hace arte al ver la naturaleza y el pensamiento que razona el sentido de la existencia humana \u00abahondando\u00bb en el origen, es decir, avanzado m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite que la l\u00f3gica le ha propuesto desde los tiempos de Arist\u00f3teles. El punto de partida del encuentro entre el color y la revelaci\u00f3n del misterio del G\u00e9nesis es la convicci\u00f3n de que la existencia humana no se infiere solo del conocimiento de los hechos, tambi\u00e9n de su significaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El color violeta de la cent\u00e1urea significa padecer, sufrimiento, y asimismo entrada en la conciencia, de que no se infiere la verdad salvo que el G\u00e9nesis sea un origen que pueda volver a ocurrir. Por lo que no debe sorprendernos que el acontecimiento narrado en la novela sea una repetici\u00f3n de lo sucedido en el origen. Sin embargo, para llegar a esta conclusi\u00f3n necesitamos entender la queja de un personaje de la novela cuando afirma que \u00abpresentarse como testigo de la primera cat\u00e1strofe del mundo supone vivir embriagado por una vanidad inconcebible\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es verdad. Se trata de la vanidad de la especie humana, que dec\u00eda Nietzsche en la obra que lleva, program\u00e1ticamente, el t\u00edtulo de <em>Crep\u00fasculo de los \u00eddolos. <\/em>\u00abEl error fundamental de la filosof\u00eda tradicional \u2013se jactaba Nietzsche\u2013 es la confusi\u00f3n entre lo \u00faltimo y lo primero\u00bb; vale decir, del fin y del principio. La repetici\u00f3n del origen es una estrategia discursiva para alcanzar ese <em>fascinosum <\/em>que fue el descubrimiento de la dial\u00e9ctica entre lo inteligible y lo sensible, entre la pastoral y la imagen. Desde la cent\u00e1urea violeta se propone ver el acontecimiento a partir de lo sensible, de lo real, de lo m\u00f3vil, de la intuici\u00f3n, no de los testimonios de quienes se creen en posesi\u00f3n de una verdad metaf\u00edsica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bella e intensa relaci\u00f3n entre el color y el saber. Una historia secreta hasta Johannes Itten: rojo m\u00e1s azul igual a violeta, dice en <em>El arte del color<\/em>. Toda una lecci\u00f3n. Eso dicen los expertos. Hay un camino que no seguir\u00e9, que es el de liberar el color de la prisi\u00f3n figurativa para verlo vagar por el firmamento de los sue\u00f1os. Es lo que hizo Mark Rothko. Pero eso ser\u00eda otra historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">OCTAVO PANEL: EL MOMENTO TEL\u00daRICO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He aqu\u00ed el momento tel\u00farico que suscita la fascinaci\u00f3n por la cat\u00e1strofe. Por debajo de esta imagen se desarrolla una peligrosa misi\u00f3n en un mercado iraqu\u00ed. Una bomba, una explosi\u00f3n y varios muertos. Luego, la huida, el refugio y el miedo a ser degollados. Esta situaci\u00f3n se\u00f1ala el fin de la posici\u00f3n privilegiada del narrador, demostrando que la autenticidad de lo \u00e9tnico es falsa: la aparente tranquilidad es un exceso de control, que pronto se derrumba para convertirse en una admonici\u00f3n o una queja. En un instante se hace con la situaci\u00f3n invocando aquello de que \u00abno ten\u00e9is ni idea de lo que hab\u00e9is hecho\u00bb para terminar con una frase cruel por ser admonitoria: \u00abrecu\u00e9rdelo, es tarde para largarse\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez que la explicaci\u00f3n de Massoud queda excluida, se busca el sustituto habitual, los acontecimientos mundiales \u00bfPose\u00eda Irak armas de destrucci\u00f3n masiva? No hay respuesta m\u00e1s all\u00e1 de las palabras del presidente Bush citando los motivos b\u00edblicos de la recompensa y de la venganza para hacer vibrar la vieja cuerda religiosa en una sociedad que cre\u00eda alcanzada la secularizaci\u00f3n. La imagen de un apocalipsis televisado es una de las paradojas de la era global. Pero en el caso del <em>Retablo del G\u00e9nesis<\/em>, debajo del escenario de fuego y destrucci\u00f3n, est\u00e1 la l\u00f3gica del individuo que conduce la acci\u00f3n militar. Se percibe la siniestra satisfacci\u00f3n del coronel Merola cuando extrae de un saco la cabeza degollada de Massoud. Este gesto tiene una larga tradici\u00f3n aleg\u00f3rica sobre la dimensi\u00f3n repulsiva y el eclipse de la belleza. No es el caso de seguirla; Soc\u00edas no lo hace. Prefiere entrar en los recovecos de las mentiras con una imagen que representa tanto el fin de los tiempos como el inicio. As\u00ed debi\u00f3 de ser la creaci\u00f3n, y as\u00ed ser\u00e1 la destrucci\u00f3n. Alfa y omega. Principio y desenlace.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 hacer ante una imagen tel\u00farica que se aleja de la <em>G\u00f6tterd\u00e4mmerung <\/em>de las grandes \u00e9picas en la \u00f3pera o el cine para apostar por una hierofan\u00eda de la naturaleza da\u00f1ada? \u00bfAdmirarla, temerla, comprenderla? Aunque a nadie importe, es necesario que importe al menos a nosotros, los que vemos el <em>Retablo del G\u00e9nesis<\/em>. Esa es la misma cuesti\u00f3n que saca Fran\u00e7ois Fejt\u00f6 en sus meditaciones sobre el mal y el curso de la historia. \u00bfDesastre o cat\u00e1strofe? \u00bfQu\u00e9 fue en el origen? \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 en el final? En el origen lo explica el libro del G\u00e9nesis: Dios control\u00f3 la destrucci\u00f3n para crear el mundo. No todos lo siguieron en esa decisi\u00f3n. Los \u00e1ngeles que se alzaron fueron los \u00e1ngeles ca\u00eddos, los mismos que enga\u00f1aron a la mujer y al hombre, los mismos que los sacaron del Para\u00edso. Y \u00bfen el final? Es la revelaci\u00f3n del apocalipsis con su sesgo cr\u00edptico sobre las dif\u00edciles relaciones de los mortales con los inmortales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">NOVENO PANEL: ARQUEOLOG\u00cdA DE UN BODEG\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con los restos dejados al azar en la escalinata de la plaza del mercado, como si fueran las figuras de los m\u00e1rgenes que pinta Georg Hoefnagel en el <em>Libro de Horas de Philippe de Cl\u00e8ves<\/em>, Soc\u00edas hace un bodeg\u00f3n. Estamos ante el campo visual del d\u00eda despu\u00e9s de un atentado, no como si fuese el habitual espect\u00e1culo visual de los telediarios, sino como un juego de la imaginaci\u00f3n. Estamos ante la filosof\u00eda de la naturaleza, no ante un docudrama moderno donde el sentimentalismo ahoga la lectura de larga duraci\u00f3n de una verdad <em>demasiado verdadera. <\/em>Por ese motivo la presencia del mal en el acontecimiento del 11-S se percibe peligrosamente pr\u00f3xima al que se sent\u00eda durante las guerras de religi\u00f3n del siglo xvii que precedieron al nacimiento del Leviat\u00e1n del moderno Estado, cuya legitimaci\u00f3n se fragu\u00f3 en la paz de Westfalia. Es lo que sent\u00eda y expresaba el manierista holand\u00e9s Joachim Wtewael en <em>Las bodas de Peleo y Tetis<\/em>, aunque, \u00a1ay!, tampoco es necesario sentir en exceso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfNos veremos obligados a recurrir a ese punto de locura de Wtewael para extraer la verdad que est\u00e1 en el fondo de ese estanque dorado en el que cay\u00f3 en el origen? El moderno no puede creer de un modo demasiado compacto la alegor\u00eda que hay detr\u00e1s de esta boda entre Peleo y Tetis, \u00e9l pintado como un hombre mayor, con una creciente alopecia, y ella como una de esas muchachas en flor por las que tanto se suspira, y la alegor\u00eda es que del fruto de esas bodas saldr\u00e1 Aquiles, el h\u00e9roe de la <em>Il\u00edada, <\/em>y con \u00e9l la primera guerra que interes\u00f3 a la literatura, la guerra de Troya. Lo moderno se aleja de esta sofocaci\u00f3n de la sustancia del mal a trav\u00e9s de la levedad del mito. Es hermoso descubrir c\u00f3mo entre los invitados hay quienes se preguntan, como hizo Safo, por qu\u00e9 los dioses saben que la muerte es un mal, y la respuesta, demoledora: si no fuera as\u00ed, ellos dejar\u00edan de ser inmortales. Ese es el filo irreal que le permite a Soc\u00edas abrirse a una cuesti\u00f3n b\u00e1sica de la novela: \u00bfc\u00f3mo puede representarse la emergencia del mal en medio de un <em>clash of civilizations <\/em>que fija la sombra de muerte en la nueva era global?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La guerra sigue, mientras Soc\u00edas se dedica a crear una armon\u00eda con los restos. El mensaje es claro: reconstruir la naturaleza mientras contin\u00faan las matanzas. Hace como Caravaggio que, tras el esfuerzo sublime de interpretarse a s\u00ed mismo en la cabeza degollada de Goliat, decide colocar un cesto de flores y frutas en primer plano para mostrar el camino de salida a una situaci\u00f3n extrema. Ese cesto con frutas es m\u00e1s que cualquier pasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La conciencia est\u00e9tica consiste precisamente en ensamblar los momentos desconcertados y disonantes en una armon\u00eda org\u00e1nica. Geometr\u00eda en el espacio, simbolog\u00eda en los elementos elegidos. Al final queda el jard\u00edn como refugio, aunque las frutas sean de un huerto. Descifradas las frutas, se convierten en este momento en lo que siempre hab\u00edan sido las estatuas antiguas en la representaci\u00f3n de las ruinas, al menos desde Herman Posthumus. Y si las estatuas sirvieron de ejemplo para la ense\u00f1anza del canon de lo bello, las verduras de este panel reclaman para s\u00ed una reflexi\u00f3n sobre la narcosis habitual ante las realidades de la vida actual. El cambio de personajes por plantas en cuya composici\u00f3n remite, seg\u00fan creo, a las cerezas de Kurt Schwitters explica el nuevo malestar de la cultura introducido por la guerra de Irak. Lejos de ofrecer descanso, la disposici\u00f3n de esos materiales en las escalinatas de la plaza nos recuerda la urgencia de reemprender la inmensa tarea que Occidente se ha asignado en el mundo<strong>.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">D\u00c9CIMO PANEL: CAD\u00c1VER EN UNA CAMILLA DEL IMPROVISADO FORENSE<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sorprende por un momento que Soc\u00edas creyera que mostrar un cuerpo muerto encima de una camilla en un sanatorio pudiera ser una respuesta adecuada al perturbador ep\u00edlogo de <em>Pastoral iraqu\u00ed. <\/em>Pero as\u00ed es. Y resulta magn\u00edfico. En este \u00faltimo panel, la pregunta sobre la responsabilidad de Merola en todo lo que sucedi\u00f3 colisiona con el sufrimiento del responsable. \u00bfQu\u00e9 tratamiento art\u00edstico es el apropiado para describir el final de un personaje siniestro? Un estilo directo y documental transmite un mensaje sobre la caladura moral del hombre de la camilla (es el elegido por la novela);<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">una representaci\u00f3n sobre la c\u00f3lera ret\u00f3rica es el elegido por el pintor. Soc\u00edas no ten\u00eda obligaci\u00f3n de pintar a un personaje lleno de lagunas morales, porque necesita abandonar la actitud sentimental de quien le increpa con palabras duras y admoniciones del tipo \u00abSi quieres hacer algo de provecho en la vida, c\u00e9ntrate. El que se ocupa de muchas cosas, en realidad no hace nada\u00bb. Parece claro que cargar de sentimiento el dolor humano abre un toque de erotismo, e incluso de sadismo, en el modo como est\u00e1 narrado. Pero tambi\u00e9n en el modo en que est\u00e1 representado en la pintura. Pensemos, al fin y al cabo, en la historia de los cuerpos enfermos o los cuerpos encadenados a una roca, esperando a sus rescatadores que no llegan nunca. Esa sensaci\u00f3n de avanzar irremediablemente hacia la muerte, solo, abandonado por todos, dejando tras de s\u00ed un hedor, es la peor de las pesadillas. De nuevo la novela con su terrible final: \u00abY todo por tu culpa. \u00bfC\u00f3mo quieres que te perdone? Me arruinas la vida y te echas ah\u00ed, yaciente, implorante. Y encima vengo a verte, a consolarte, te encuentro como siempre, con esa mueca de asco en la cara. Pero \u00bfqui\u00e9n cojones te has cre\u00eddo? Y ya que estamos, a ver si la enfermera te limpia el culo alguna vez. Esto huele a pocilga\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me imagino que a nadie le despertar\u00e1 un inter\u00e9s er\u00f3tico, pero s\u00ed s\u00e1dico, un hombre <em>as\u00ed <\/em>ante la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La crueldad de las palabras conclusivas de la novela es tal que la imagen invita a la distancia: es como si la fealdad fuera una especie de velo para evitar el contagio con la maldad. Pero esto equivale a reconocer que la belleza de la muerte digna posee el efecto que el <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>le ha atribuido de consuelo y alivio como un elemento m\u00e1s de la conciencia est\u00e9tica creada post-11 de septiembre. Sirve para poner el sufrimiento de los \u00faltimos d\u00edas en una especie de perspectiva metaf\u00edsica. Es preciso salir de la oscuridad antes de que se apague definitivamente la luz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">III<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los mensajes que contiene el <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>vienen de lejos y est\u00e1n sostenidos por una larga tradici\u00f3n de convertir un texto literario en im\u00e1genes. En otro tiempo, los libros de fuego dedicados a la creaci\u00f3n y ca\u00edda del hombre en el Para\u00edso fueron convertidos en retablos, con lo que se aunaba la historia con la historia del arte, una distinci\u00f3n que muchas veces se pierde en los modernos an\u00e1lisis. Lo que me interesa resaltar ahora es la pericia art\u00edstica con la que Soc\u00edas se enfrenta a un acontecimiento traum\u00e1tico como fue el atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York: la conversi\u00f3n de una obra de arte en el banco de pruebas para un pensamiento que afronte la analog\u00eda entre una guerra del<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">siglo xxi y el relato del G\u00e9nesis con el objetivo de hacer una reflexi\u00f3n espec\u00edficamente simb\u00f3lica a trav\u00e9s de las im\u00e1genes. Es lo que muestra con detalle la pintura de Soc\u00edas, con un rigor en la selecci\u00f3n de los motivos y una pasi\u00f3n en la organizaci\u00f3n de los paneles capaz de penetrar en la tragedia vivida el 11-S dejando atr\u00e1s opiniones y comentarios tendentes a la banalidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La clave de lectura que he presentado sobre el <em>Retablo del G\u00e9nesis <\/em>reconoce el n\u00facleo de la crisis actual en la querella sobre las im\u00e1genes, donde los conflictos estallan por el precio a pagar para gozar de una explicaci\u00f3n del origen del hombre. Aunque eso haya obligado a Soc\u00edas a promover una severa disoluci\u00f3n de las diferencias entre lo real y lo fant\u00e1stico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es notorio que esta tensi\u00f3n creadora viene de lejos. La vemos hacia 1600, cuando el manierismo transitaba al barroco, y la era de lo sagrado a la era de la f\u00edsica moderna, como dec\u00eda Henry Adams. Christopher Marlowe es el testigo m\u00e1s consciente de los que en aquel tiempo supieron encontrar formas narrativas para abarcar lo ca\u00f3tico, el car\u00e1cter inabarcable de la vida en un lugar y un momento determinado. Y, precisamente, Marlowe transmiti\u00f3, en la forma de liberar el verso en su historia tr\u00e1gica del doctor Fausto, ese anhelo infinito por trascender lo inmanente y abordar por extenso las cuestiones de los cielos de los que durante siglos los seres humanos se han visto privados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El camino para entender la rueda de terror, con la que desde el Bosco y Brueghel a Soc\u00edas se expresa el desconcierto de la vida, debe considerarse un ejercicio de pastoral, pues a trav\u00e9s de \u00e9l se descifran las claves ocultas de lo sucedido en el origen, que el relato b\u00edblico del G\u00e9nesis sit\u00faa en el momento en que Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen y semejanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Barcelona, 7 de abril de 2020,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">durante el confinamiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El arte es una mentira que te permite averiguar la verdad. Pablo Ruiz Picasso I Entre 2016 y 2019, Antoni Soc\u00edas realiza Retablo del G\u00e9nesis, una pintura incisiva por su factura poco convencional y turbadora por la manera de representar un acontecimiento de la historia reciente; una pintura que provoca a los sentidos en busca&#8230;  <a href=\"https:\/\/antonisocias.es\/web\/articulo_opinion\/la-estetica-de-lo-sublime\/\" class=\"more-link\" title=\"Read La est\u00e9tica de lo sublime\">Read more &raquo;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"template":"","meta":[],"categories":[],"class_list":["post-1782","articulo_opinion","type-articulo_opinion","status-publish","hentry"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo_opinion\/1782","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/wp-json\/wp\/v2\/articulo_opinion"}],"about":[{"href":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/articulo_opinion"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1782"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/antonisocias.es\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1782"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}